Los pájaros y las abejas

LOS  PÁJAROS  Y  LAS  ABEJAS


Saltamontes


La escuela había terminado su labor por ese año, dando paso a unas vacaciones inolvidables para los pequeños Goten y Trunks, quienes habían hecho miles de planes para realizar ese verano. Gohan, por su parte, sólo tenía una idea en mente y era pasarlo con su querida Videl, lo cual causaba mucha alegría a Milk cuyo mayor deseo era ver pronto casada a la pareja de tortolitos.

Esta última frase hizo que el pobre Gohan se ahogara con el trozo de carne que tenía en la boca y Videl se pusiera roja como langosta.

Para tortura de los chicos, Milk siguió con el asunto durante un buen rato en que terminaron la cena, el postre y recién en la sobremesa Goku logró cambiar el tema de conversación por uno que interesaba a todos, el deporte.

Hasta ese momento Goten había permanecido callado comiendo y luego mirando de reojo la conversación de los mayores, pero algunas dudas que tenía desde hacía algún tiempo habían salido a relucir en su mente al escuchar el tema del matrimonio y los niños y aún continuaban dando vueltas en su cabecita, aún cuando ahora los demás hablaban de técnicas de combate.

Por un momento todos se quedaron mudos e inmóviles.

Que adiós, que chao, que hasta luego y Gohan y Videl huyeron raudamente. ¡Pero qué par de cobardes para una explicación tan simple! Cuando se fueron, Goten quiso retomar el tema, pero Milk lo mandó a la cama antes que pudiera siquiera comenzar a preguntar.

El pequeño dio las buenas noches y se preparó para ir a dormir, sintiéndose bastante frustrado por no recibir respuestas a sus preguntas, pero lo que más le intrigaba era que los adultos se pusieran tan nerviosos cada vez que él mencionaba el tema, por lo mismo pensó que Goku no lo arroparía esa vez como lo hacía todas las noches desde hacía un tiempo, en que le conversaba o contaba historias hasta que se dormía, pero esa noche no fue la excepción. Goten no se había dormido cuando Goku llegó, pero estaba soñoliento.

Goku se acercó a la ventana, la abrió y se apoyó en ella; la noche estaba muy hermosa con un cielo completamente despejado que mostraba su tesoro de estrellas. Se quedó contemplándolo e inspirado en ellas comenzó a explicarle a su pequeño cómo se originaba la vida, en esa forma simple y clara con que Goku hacía todas las cosas. Cuando terminó de hablar, guardó silencio esperando que el niño le hiciera alguna pregunta por si algo no le hubiera quedado claro, pero no hubo preguntas, lo que le hizo pensar que todo había sido explicado a la perfección.

Pero Goten estaba tan cansado que se había quedado dormido. Una sonrisa se formó en los labios de Goku, había estado dando una cátedra como de dos horas, con lujo de detalles sobre cómo se formaba la vida a un conjunto de estrellas que estaba a millones de kilómetros de distancia y quizá por ahí, en algún lejano planeta, algún extraterrestre dijera "¡mira tú que interesante!". Se acercó a la cama, arropó al niño, apagó la luz y salió de la habitación esperando que Goten hubiera escuchado algo de todo lo que dijo.

Al día siguiente casi hubo que sacar con grúa a Goten de la cama y Milk tuvo que ayudarlo a bañarse, vestirse y sólo terminó de abrir los ojos cuando estuvo frente al desayuno, que en verdad era lo único que podía despertarlo.

En vista de que Goku saliera a entrenar muy temprano, Gohan llevó a Goten a la Corporación y de ahí seguiría rumbo a casa de Videl. Trunks salió a recibirlos; él y sus abuelos estaban solos en casa, pues sus padres habían salido sin saber la hora de regreso.

Gohan se retiró avergonzado y molesto; no tenía la más mínima idea de que el travieso de su hermano había estado espiándolo durante sus citas amorosas.

Los niños se fueron a balancear en los columpios que estaban en el patio de la casa preguntándose quién podía sacarlos de sus dudas, porque aparte de Goku y Vegeta sólo conseguían evasivas de los adultos y al paso que iban pensaban que cuando alguien se tomara la molestia de explicarles las cosas de la vida, estarían tan viejos que en vez de hijos tendrían nietos. Se mantuvieron callados un rato contemplando cómo la abuelita de Trunks regaba sus plantas, esto recordó a Goten que había visto a Mr.Popo hacer lo mismo en el Templo Sagrado.

Avisaron a los abuelos de Trunks que saldrían a dar un paseo y volaron a toda velocidad hacia el Templo Sagrado, esperanzados en que Dende respondería a todas sus preguntas. Lo encontraron observando la Tierra como si los estuviera esperando, recibiéndolos tan cordial y cariñoso como siempre, sin poner objeción alguna cuando pidieron hablar con él. En ese momento se encontraba solo, pues Piccoro había bajado a la tierra y Mr.Popo estaba ocupado en el interior del templo, así que los tres tomaron asiento en las escalinatas que conducían a la entrada principal iniciando una interesante plática que se extendió por más de una hora, luego se despidieron agradecidos y volvieron a casa muy contentos.

Entraron directamente por la ventana de la sala, allí la Sra. Brief sostenía una charla muy animada a través del teléfono con una amiga que los estaba invitando a la familia a pasar el día en su casa, invitación que la Sra. Brief aceptó gustosa. Claro que los niños prefirieron quedarse en la casa porque tenían más libertad para jugar.

Sus abuelos se despidieron y al subir al auto la Sra. Brief recordó que Bulma, antes de salir esa mañana, les había encargado vigilar un experimento.

Inmediatamente corrieron a ver de qué se trataba el encargo de Bulma. Entraron a una sala sin ventanas, iluminada con una tenue luz artificial y una temperatura agradable, no había muebles, sólo una máquina abierta en la parte superior, con un panel de control al costado y varios cables parecidos a tentáculos saliendo de los lados y que entraban posándose en el objeto que estaba al interior. Los niños se acercaron con cuidado, miraron dentro y exclamaron asombrados "¡¡Un huevo!!". Sí, aunque no era su área, Bulma estaba haciendo un favor a un científico inventando una incubadora que acelerara mucho más el proceso de desarrollo y la estaba probando con el huevo de un dinosaurio relativamente pequeño.

Trunks se quedó pensando. Sí, era posible... según lo que les explicó Dende, los bebés salen de un huevo y él no había estado en casa durante dos semanas, así que posiblemente Bulma había puesto el huevo en esos días.

Y los niños saltaban de felicidad por el nuevo miembro de la familia. Trunks hacía tiempo que soñaba tener un hermanito y Goten era lo más parecido a tener a uno, pero muchas veces lo envidiaba porque tenía a Gohan y en cambio él no tenía a nadie más. Sin embargo, parecía que hoy su sueño se había hecho realidad y sin pensarlo mucho lo dio por cierto, él ahora tenía un hermanito a quien cuidar y guiar, lo cual lo hizo inmensamente feliz.

Goten se imaginaba a Bulma tendida en una camilla con un montón de médicos y enfermeras que se tiraban todos encima del estómago de Bulma y cuando expulsaba el huevo por la boca, una enfermera lo atajaba igual que en los juegos de rugby, mientras que Trunks imaginaba que le abrían el estómago sacando el huevo, envolviéndolo en mantas y entregándolo a Bulma con un "Felicidades Sra., es un hermoso huevito".

Entre los dos sacaron los cables pegados, lo tomaron entre ambos y lo llevaron cuidadosamente hasta la habitación de Trunks donde primero le pusieron una gorra, una pañoleta a lo que se suponía era el cuello y le amarraron un par de gafas para que no le molestara el sol.

Acto seguido lo pusieron sobre una patineta, lo llevaron al jardín, lo acomodaron sobre una silla de playa y lo embetunaron con el bronceador de Bulma. Con sumo cuidado pusieron la silla sobre la patineta y lo sacaron a dar un paseo por el vecindario ante la atónita mirada de la gente y después lo llevaron un parque cercano donde había muchos niños jugando, pero decidieron irse cuando un grupo de chicos comenzó a jugar a la pelota y casi le llega una al huevo. Luego que volvieron, estuvieron jugando en el jardín y para que el bebé se fuera acostumbrando a las actividades del medio en que viviría le dieron una demostración de artes marciales con todas las técnicas que conocían.

Y Trunks le mandó la patada, sólo que el huevito no la esquivó y el golpe le provocó una trizadura.

Trunks corrió a buscar el botiquín de primeros auxilios y minutos más tarde el huevo lucía unas lindas venditas de colores y animalitos. Luego del incidente siguieron un rato jugando afuera, pero el sol estaba calentando tanto que temiendo que el bebé se convirtiera en un huevo cocido mejor lo entraron a la sala. Bueno, y qué no hicieron con el dichoso huevo: lo acunaron, le contaron cuentos, le cantaron canciones de cuna y jugaron con él toda la tarde para finalmente llevarlo a la habitación de los papás. Ahí lo acomodaron en la cama y encendieron la televisión para que no se aburriera mientras ellos iban por unos bocadillos. Los chicos regresaron acomodándose en la cama con bandejas dignas de saiyajines, es decir, con montañas de comida.

Se comieron todo, pero quedaron con hambre y fueron en busca de más. Mientras se instalaban nuevamente en la cama, vieron que estaban dando un documental que los dejó muy impresionado porque trataba de la esclavitud y mostraban escenas de películas en que los esclavos eran azotados cruelmente por sus dueños bajo cualquier circunstancia, quedando muy maltratados y con la piel a carne viva, así que decidieron cambiar el canal para ver algo más placentero y para que Dany no fuera a asustarse de la forma que ellos lo hicieron. Se quedaron viendo tranquilamente el canal de las caricaturas cuando de improviso dos gatos entraron corriendo seguidos por un perro, pasando sobre la cama y volteando toda la comida en el fino cubrecama color crema. Uno de los gatos saltó sobre la cortina dejándola hecha jirones al caer por el peso, con las uñas incrustadas a ella. Pero eso no fue todo, el perro saltó detrás del gato chocando contra la ventana, dando vuelta el mueble que estaba bajo ella y rompiendo todo lo que estaba encima. Por su lado, el otro gato había botado un jarrón antiquísimo que Bulma cuidaba como hueso santo y que ahora estaba hecho trizas. Sin embargo, los niños no pudieron hacer nada porque estaban protegiendo a Dany con sus cuerpos. Y así como llegaron, así se fueron, aunque seguidos de los pequeños saiyas que veían con horror cómo estaba quedando el resto de la casa. Tenían que alcanzar al perro, pero éste era muy esquivo y cuando llegaron al patio de las mascotas, Goten por un lado y Trunks por el otro, se lanzaron sobre el perro fallando miserablemente y cayendo al charco de barro de los cerdos, ¿y todo para qué?, para que el perro se aburriera y se metiera en su casa.

Luego de cerrar bien el acceso del patio a la casa, regresaron tal cual estaban a ver los destrozos. Todo estaba hecho un desastre.

Goten quiso sacar la cubrecama, pero Trunks le dijo que no porque iban a manchar las frazadas y entre que tira y afloja jalaron tan fuerte la colcha olvidando al huevo que estaba arriba, que el pobre Dany cayó fuertemente al suelo terminando por quebrarse gracias a la trizadura.

Trunks se tranquilizó un poco y junto a Goten buscaron la famosa Gotita, pegamento altamente resistente, y trataron de ir pegando los pedacitos de cáscara que estaban repartidos dentro y fuera del cascarón. Como era de esperarse, al sacar los trozos del interior quedaron completamente embetunados de clara, a Goten le cayó pegamento en las manos y al dejar apoyada una de ellas sobre la sábana, ésta se le quedó pegada.

¡Y no la pudo soltar! Tuvieron que tomar unas tijeras y cortar el trozo. Después intentaron devolver el contenido del huevo dentro del cascarón, pero en ese momento la yema se rompió y se quedaron observando cómo se esparcía a través del cubrepiso.

(¡Qué manera de consolarlo!)

La hora avanzaba, ya eran cerca de las 8:30 y con el calor que hacía el huevo comenzó a descomponerse. Los niños estaban desconsolados, pero considerando que de por sí ya estaban metidos en muchos problemas y tendrían que dar muchas explicaciones cuando los papás de Trunks llegaran, decidieron dejar el llanto para más tarde y tratar de mejorar un poco la situación arreglando el cuarto, que estaba en estado catastrófico. Lo que pudieron salvar del huevo lo metieron dentro del cascarón. Escondieron la cubrecama dentro de la lavadora, Goten tomó la sábana rota y comenzó a limpiar el piso con ella, consiguiendo solamente que la yema se adhiriera más a la alfombra. Trunks por su parte, trató de borrar las huellas de los animales pasando sobre ellas un paño mojado, resultado: las paredes y los muebles quedaron más manchados. Entre ambos quitaron la barra de la cortina... ¡imagínense!... quebraron los vidrios de la ventana, al girarla botaron y rompieron la lámpara que estaba en la mesita de noche, al pararla... ¡adivinen!... sí, rompieron la que estaba en el techo y de puro milagro no le dieron a la televisión... ¡Ah! y el huevo olía espantosamente y el distraído de Goten pasó por encima terminando de romper la cáscara y quedando más sucio al igual que el cubrepiso, que ya estaba lleno de huevo y barro. En buenas cuentas, hubiese sido mejor que dejaran las cosas tal como estaban.

Ocupados en esto, sintieron que un poderoso ki venía acercándose.

Considerando que lo más probable es que los buscaran en sitios como las naves, la cámara de gravedad o los laboratorios, decidieron esconderse en el closet de Trunks y también escondieron su ki para que Vegeta no los sintiera.

Al subir las escaleras, Vegeta sintió, como una bofetada, un olor espantoso, y al seguir avanzando vio también varios muebles volteados, jarrones rotos, manchas de barro, entre varias otras cosas, hasta que finalmente llegó a su habitación.

"Si mal no recuerdo, creo que Trunks y Goten se iban a juntar hoy –pensó mirando lo que fue su cuarto–. Y si no me equivoco, ese huevo que huele a podrido fue el experimento de Bulma... le va a dar de todo cuando lo vea, no quisiera estar en el pellejo de ese par... será mejor que los encuentre yo antes que lo haga ella... ¡Rayos! ¡Y este maldito cinturón cómo me molesta!"

Supuso que los chicos estaban escondidos y para encontrarlos no necesitó sentir su ki, sólo siguió los rastros de huevo y barro que iban desde ahí al cuarto de Trunks y de ahí al closet. Lo abrió y encontró a los dos arrinconados, abrazados y temblando, bien al fondo entre la ropa y los juguetes.

Los niños intentaron explicarle en medio del llanto lo ocurrido, pero Vegeta no lograba entender más que frases sueltas como "no me odies", "no me mates" o "la culpa es mía". Daba lástima verlos, estaban mugrientos de pie a cabeza y las lágrimas surcaban la tierra en sus rojas mejillas.

"¿Les habrá afectado el calor? Está bien que me enoje, pero no como para matarlos y esto no es peor de lo que suelen hacer. En realidad, el día que estos dos se junten y no pase nada, ahí sí que me voy a preocupar".

Les tocó la frente para ver si tenían fiebre, pero no.

Pero por muy guerreros que fueran, seguían siendo niños y estaban tan tristes como asustados. Cansado de esperar que se calmaran, tomó a cada uno de una mano y se los llevó al baño para meterlos a la ducha fría, remedio para mil cosas, incluyendo mañas y llantos.

¡Ahí sí que les dio ataque! Enmudecieron observando con grandes ojos el ancho y grueso cinturón de cuero que Vegeta sostenía en sus manos, el cual les hizo recordar el documental que tanta impresión les causó en la tarde. Obviamente pensaron lo peor e intentaron escapar, pero Vegeta rápidamente cerró la puerta antes que lo hicieran.

"¿Y a éstos qué bicho les picó?" se preguntó intrigado. Pero ya le habían colmado la paciencia y los metió a la ducha como estaban, abriendo la llave del agua fría. Por un momento los resultados fueron los esperados, pero al cerrar la llave los niños volvieron a llorar.

"¿De qué no me habré enterado para que piensen así? - pensó arqueando una ceja - Porque si yo los moliera a golpes cada vez que cometen una falta grave, a estas alturas no les quedaría ni un solo hueso sano y si Trunks tuviera que irse, no sería de la casa, sino del planeta".

Los pequeños le fueron contando que encontraron el huevo, que estuvieron cuidándolo y jugando con él durante la tarde, cosa que a Vegeta le hizo gracia y a medida que el relato avanzaba, tuvo que ir apretando las mandíbulas para mantener la seriedad.

"¿Hermanito? –se repitió Vegeta pensativo–. Hermanito, hermanito... Mmmm... no, eso no puede ser, ya me habría enterado, no es algo que Bulma pudiera ocultar –Entonces Vegeta comenzó a sacar sus cuentas–. Veamos, ambos estuvimos demasiado ocupados durante ese período, yo estuve entrenando a full y luego... Mmm... y en esa semana ella estuvo terminando su nuevo invento que no le daba tiempo ni para comer y después... Mmmm... en realidad no hubo tiempo, además nos hemos estado cuidando porque ni soñando tendría otro, ¡sólo un idiota tendría más de uno!. (nota: a Vegeta nadie le dijo que por la boca muere el pez... je, je)

Entonces tuvieron que explicarle que ellos pensaban que el huevo era el hermanito de Trunks.


Poco después podía observarse al Kami Sama de la Tierra en la inmensa biblioteca del templo, sentado frente a un escritorio con pilas de libros a su alrededor estudiando todo sobre la reproducción de los seres de la tierra, empezando por las bacterias y la prohibición absoluta de salir de ahí hasta no tenerlo todo bien aprendido.


¡¡¡¡¡¡¡JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JAJ...!!!!!!!

A todo esto, Bulma había ido a revisar la incubadora y se llevó una gran sorpresa al no ver el huevo adentro, pero unas pequeñas huellas de manitos sucias le dieron a entender quiénes lo habían sacado. Se encaminó a las habitaciones encontrándose en el camino el mismo tiradero por el que pasó Vegeta, aromatizado con el suave olor del huevo podrido, para luego llevarse la segunda gran sorpresa de llegar a su habitación y encontrarla como Lo que el viento se llevó. Vegeta tenía razón... le dio de todo, en especial cuando vio su experimento chorreando en el cubrepiso. En eso sintió las estruendosas carcajadas de su bienamado príncipe que en ese momento estaba riendo a mandíbula batiente y se había sentado, acostado y revolcado en la cama de Trunks agarrándose el estómago y llorando de la risa, pensando que eran los mejores abdominales que había hecho en su vida. Los niños, por su parte, habían salido del baño a la habitación y estaban cerca de él totalmente empapados, formando dos pozas de agua y llorando amargamente porque pensaban que con la noticia Vegeta prácticamente se había trastornado de la pena. La casa llegaba a bailar de las fuertes carcajadas cuando Bulma llegó y se encontró con aquella escena y cuando los peques la vieron entrar se asilaron rápidamente en el baño, cerrando la puerta con seguro.

En eso el teléfono sonó y Bulma fue a contestar, esperando que al regresar a Vegeta ya se le hubiera pasado lo que fuera que tuviera. Cuando volvió, con el teléfono inalámbrico en la mano, aún estaba en lo mismo, pero ella venía más relajada, pues su padre había llamado para saber cómo estaban las cosas, así como también para avisar que llegarían muy tarde, y al saber lo sucedido la tranquilizó informándole que él había hecho una réplica de la incubadora y la estaba probando con otro huevo.

Un silencio sepulcral inundó la habitación, ¡pero qué aguafiestas!. Así, Vegeta tuvo que explicarle entre risa y risa lo que había pasado, porque cada vez que se acordaba tendía a venirle el ataque sólo controlado por las amenazas de Bulma que estaba teléfono en mano lista para llamar a Goku. También le hizo mucha gracia y rió con ganas, pero nunca tantas.

Entonces Vegeta utilizó toda su experiencia, psicología infantil, poder de convencimiento y... las palabras adecuadas.

Click

Los pequeños seguían bastante asustados, sobre todo cuando Vegeta entró a rescatar su cinturón, porque pensaron que ahora la azotaina se las iban a dar entre los dos y empezaron a hacer las típicas promesas.

En ese momento Vegeta estaba de espalda a ellos, tomando su cinturón y escuchando las promesas de los niños riéndose para adentro, entonces se le ocurrió hacerles una bromita y de paso darles un buen susto.

Bulma les dio un baño de agua tibia, tranquilizándolos y explicándoles que la información que Kami Sama les había dado no era del todo errada, pero que no era aplicable a su raza y los niños pensaron que la culpa era de ellos por no preguntar específicamente. Luego del baño, con mucha paciencia y cuidado, quitó de Goten el trozo de sábana que se le quedó pegado, después les dio de comer y los acostó dándoles un besito y su bendición, dejando en claro que en la mañana arreglarían cuentas sobre lo sucedido.

El problema ahora es que, considerando el estado de su habitación, ella y Vegeta tendrían que dormir en la pieza de alojados. Vegeta tenía la solución perfecta para arreglar lo que quedó del cuarto: ya había estirado su mano para volarlo, pero Bulma no se lo permitió.

Avanzada la noche, Bulma despertó y no podía volver a conciliar el sueño, de modo que se levantó y se dirigió a la cocina para tomar un vaso de leche, pasando por el cuarto de los niños para ver si estaban bien. Dormían como angelitos, con ese tranquilo sueño que tienen propio de ellos. Al regresar al cuarto le hizo gracia ver que Vegeta también estaba durmiendo como angelito y se le ocurrió una idea. "Creo que aprovecharé para probar mi nuevo invento... je, je". Rápidamente fue a la pieza de los niños y sacó un peluche de Trunks que llevó y puso al lado de Vegeta, se quedó observándolo y, no contenta con los resultados, volvió al cuarto de Trunks y volvió con un montón de peluches que colocó alrededor de Vegeta, que se veía la ternura durmiendo. Luego sacó del bolso una cápsula que transformó en una minicámara fotográfica que sacaba fotos sin flash aún en plena oscuridad y no hacía el más mínimo ruido y le sacó varias fotos en distintos ángulos. ¡Chica mala, mala, mala! ¿Con quién se habrá estado juntando? También se le había ocurrido traer a los niños medio dormidos, pero podía despertar, así que desistió porque eso habría arruinado sus planes. "¡Estas fotos valen oro! Yo sé de alguien que me cumplirá todos mis caprichos en vacaciones" –se dijo así misma muy feliz luego que puso todo en su lugar y se quedó dormida plácidamente.

En la mañana, Vegeta se levantó muy temprano para entrenar con tranquilidad y más tarde se dirigió a la cocina para desayunar esperando que los niños ya se hubieran levantado.

Los niños estaban en el más profundo sueño cuando llegó.

Los pequeños se levantaron medio dormidos, asustados y de muy mal humor (lo cual era lógico considerando la suave manera de despertar), chocándose con todo por la prisa, mientras Vegeta seguía dando órdenes.

A los cinco minutos estaban abajo con la cara llena de risa, listos para entrenar duramente como habían prometido, y tres horas más tarde...

Vegeta los dejó solos un momento para hablar y hacerle unos encargos a Bulma, quien iría al supermercado y al volver los escuchó hablar.

"Bueno, creo que ya tuvieron suficiente. Será mejor que termine luego con esto" –pensó Vegeta al ver la tristeza reflejada en el rostro de los niños.

Los niños lo siguieron a punto de llorar por el miedo, pero no quisieron escapar pensando que si los atrapaba sería peor para ellos, así que caminaron resignados a lo que viniera, saltando a cada movimiento brusco que hiciera Vegeta, hasta que llegaron a la cocina donde se encontraron con su normal desayuno servido, más galletas y unos pastelillos que Bulma había preparado y que eran la delicia de ellos. Los pequeños se quedaron asombrados observando la mesa, pero no se atrevían a sentarse ni a tomar nada, tal vez el castigo ahora consistía en hacerlos sufrir mirando lo que él comía.

¡Vaya sentido del humor oscuro y lóbrego del muchacho! ¿eh?

Entonces la cara de los niños se iluminó y se lanzaron a comer haciéndole honor a la raza. Cuando ya iban a la mitad y el hambre había amainado y su miedo se había calmado un poco, Vegeta decidió tomar el tema que les interesaba.

Y mientras Vegeta hablaba con los niños, Dende había progresado... ¡Ya iba en los protozoos!, ¿no es fantástico? Tal vez y con suerte, cuando termine esta historia llegue a los pájaros y las abejas.

La hora avanzaba y en la cocina seguía la lección cuando llegó Bulma del supermercado. Comenzó a sacar los víveres escuchando al mismo tiempo la extensa y bien detallada explicación que Vegeta le estaba dando a los niños, tan detallada y extensa que cuando Bulma lo escuchó comenzó a abrir sus enormes ojos azules más aún. "¡Cielos!, eso ni yo lo sabía".

Vegeta terminó su explicación y dejó que los niños hicieran todas las preguntas que quisieran, las cuales no fueron muchas, dada la edad de los pequeños.

"¡Uy! –pensó Vegeta– Esto se ve muy peligroso"

Ambos se encontraron con un cepillo de dientes en la mano atados con una cinta roja.

Y así, los pequeños tuvieron que obedecer.

"Realmente las hembras de este planeta son de temer... ¡¡Brrrrr!!".

Pasaron las horas. Los niños ya estaban hambrientos nuevamente, además de muy cansados y todavía no alcanzaban a limpiar ni la cuarta parte de la habitación.

Los pequeños dejaron lo que estaban haciendo y se quedaron mirando un momento pensando lo mismo.

En tanto, Vegeta estaba terminando de entrenar en la cápsula de gravedad del jardín cuando sintió que insistentemente alguien golpeaba la puerta e intentaba entrar, así que desactivó la gravedad y abrió para encontrar a dos pequeñas figuritas esperándolo afuera.

Los pequeños hicieron caso omiso a su disgusto y entraron a la cápsula.

"¡Vaya con estos mocosos!, a veces son impredecibles y muy ocurrentes" –pensaba divertido Vegeta.

Vegeta los echó fuera y cerró la puerta, pero los pequeños volvieron a golpear insistentemente para que les abriera. Podían temerle mucho a veces, pero cuando de comida se trataba, el miedo podía pasar a un segundo lugar... ¡saiyajines!

Estuvieron sus diez minutos golpeando y llamando, hasta que Vegeta perdió la paciencia por completo –¡QUÉ SE HAN IMAGINADO ESTOS CHIQUILLOS INSOLENTES!, ¡AHORA SÍ ME VAN A CONOCER!– exclamaba totalmente furioso camino a la puerta.

En ese momento los ojos de Vegeta se posaron en Bulma, que se dirigía a la piscina con un bikini extra pequeño y el bronceador en la mano, viéndose muy "saludable" y la siguió con la mirada hasta que la figura desapareció tras la muralla pensando que, después de todo, no le costaba nada ayudar a los enanos.

Los chicos se retiraron muy contentos. Vegeta cerró la cámara y se encaminó a la piscina tratando de recordar qué fue lo que Bulma le reclamó que él le había explicado a los niños y ella no sabía... "¡Sacrificios!, ¡sacrificios! –pensaba con una sonrisa–... esto de ser padre".

En tanto, Bulma se había acomodado en la silla de playa y pensaba en qué momento utilizar las fotos que había sacado, para convencer a Vegeta que la llevara de vacaciones.

"Bien. Esto va a ser pan comido" –pensó Vegeta, mientras Bulma pensaba "Creo que podré guardar las fotos para una mejor ocasión".

Vegeta comenzó a aplicarle el bronceador de forma tan suave como una caricia mientras le hablaba.

Bulma levantó el castigo de los niños y consiguió sus vacaciones sin necesidad de utilizar las fotos, ya que contrariamente a lo que pensaba, Vegeta no se negó en absoluto, pues de paso él también descansaría estando lejos de la casa. Por otro lado, el famoso experimento salió a las mil maravillas, lo que ayudó al amigo de Bulma y al mismo tiempo a la Corporación, que fue invadida con peticiones de más incubadoras.

Trunks y Goten dieron santa sepultura al huevo y lo llenaron de flores tal como prometieran, porque después de todo había sido su hermanito postizo por un par de horas. Además se quedaron muy contentos, ya que Milk y Goku, al saber que Vegeta y Bulma saldrían de viaje, invitaron a Trunks a pasar esos días con ellos y también porque el huevo que el Dr. Brief utilizara para probar la otra incubadora dio un tierno dinosaurio que quedó de mascota para los pequeños.

Se podría decir que casi todos fueron felices al final de este cuento, salvo porque en el Templo Sagrado, Dende, ya cansado de estudiar, decidió asomar la cabeza fuera de la biblioteca.

Bueno, no siempre los finales pueden ser felices para todos, ¿no creen?.

 

FIN